Polvo (fragmentos 1) Pita Amor

… y en polvo te convertirás.

Génesis, capitulo 3, versículo 19

I

Me envuelve el polvo, y me inquieta.
¿Por qué vendrá de tan lejos?
Y ¿cómo en residuos viejos
mundos pasados sujeta?
–El polvo no tiene meta,
ni principio habra tenido;
sé que siempre habrá contenido,
en su eternidad convulsa,
la arcana fuerza que impulsa
a lo que es y a lo que ha sido.

II

Tu esencia no habrá cambiado,
mas tu trayecto es temible;
si bien naciste apacible,
viviendo te has desquiciado.
Hoy ya estás desorbitado
y en gris confusión avanzas;
a los abismos te lanzas
y los proclamas alturas.
Polvo, ¿por qué te apresuras
exterminando esperanzas?

III

Eras sereno y abstracto;
pero te fuiste esparciendo.
Un Dios te fue poseyendo
hasta que adquiriste tacto.
De este divino contacto
te vino inmenso poder,
y en tu continuo ascender
tu cómplice el viento ha sido.
Hoy todo lo has abatido.
¡Menos la angustia de ser!

IV

Polvo constructor del mundo,
mundo de sangre impregnado,
lo gris por rojo has mudado,
lo estéril por lo fecundo.
Es tu poder tan profundo,
que de sangre has hecho ideas;
temo que divino seas
pareciendo terrenal,
pues te presiento inmortal
porque tú mismo te creas.

V

Extraño polvo cenizo
que te pintas de colores
para ocultar lo enfermizo.
Como eres tan movedizo,
también con la forma juegas,
y derramándote a ciegas
en tumultuoso fluir,
almas logras esculpir,
mas luego de ellas reniegas.

VI

Polvo, ¡qué bien te solazas
en tu pardusca envoltura,
mostrando expresión tan pura
que la soberbia disfrazas!
Cobardemente reemplazas
tu orgullo por humildad;
mas oculta es tu maldad,
y eres polvo endemoniado,
pues todo lo has encauzado
una opaca eternidad.

VII

Te veo por los tejados,
por las alas de mi suerte;
en los espejos, al verte,
miro mis poros ajados,
de eterno polvo impregnados,
de antiguas muertes nutridos
al igual que mis sentidos.
Polvo que polvo vas siendo,
mi cuerpo te está sirviendo
de antena de tus latidos.

VIII

A un doble polvo enemigo
mi rostro está sentenciado:
al uno nació ya atado;
del otro busca el abrigo.
Dos muertes lleva consigo:
una alegre, otra sombría;
aquélla siempre vacía,
ésta sin moverse espera.
Si una es ya mi calavera,
la otra es mi máscara fría.

IX

De pronto vi mi cabeza
en el espacio perdida,
con pensamiento, y sin vida,
y sin humana impureza.
Sentí profunda extrañeza;
mas luego entendí mi lodo,
y fui descubriendo el modo
de hacer mi cuerpo infinito:
Mi polvo al polvo remito,
¡dejo de ser… y soy todo!

X

Ya soy criatura sin piel:
el polvo me la ha robado,
brutalmente la ha arrancado
y ahora lo cubre él.
Mira, polvo, eres cruel:
de fango me has construido,
a mi alma diste sentido
y te va a nutrir mi muerte.
¡Dame otra piel que liberte
este cuerpo escarnecido!

XI

Cuando en polvo esté esparcida
mi carne ya no vibrante,
y este cerebro enervante
deje de inventar la vida;
ahí en la tierra, perdida,
encontraré polvo amigo,
del alguien que lloró conmigo
hasta consumir sus ojos.
¡Qué alivio que sus despojos
le den a mi polvo abrigo!

XII

Cuando mi carne podrida,
al irse polvo volviendo,
sienta que se está fundiendo
con alguien que odió en la vida,
querrá buscar la salida
por los poros de la tierra,
pues entablará una guerra
con ese polvo enemigo.
¡Ay, que temible castigo
mezclarse con lo que aterra!

XIII

Polvo, ¿por qué me persigues
como si fuera tu presa?
Tu extraño influjo no cesa,
y hacerme tuya consigues;
pero por más que castigues
hoy mi humillada figura,
mañana en la sepultura
te haz de ir mezclando conmigo.
Ya no serás mi enemigo…
¡Compartirás mi tortura!

XIV

¡Oh polvo, angustia esparcida!
¡Llanto que en mis huesos llevo!
Pensando en ti, ya me atrevo
a no sentirme en la vida.
Me estoy soñando perdida
en tus hambrientas arenas;
mientras mi carne condenas
y consumes mi figura,
ya somos lo que perdura:
la materia sin cadenas.

XV

Polvo, cómplice enemigo,
a un tiempo goce y tortura,
mi libertad y clausura,
mi recompensa y castigo;
todo lo tuyo investigo
porque observándome estoy.
Dicen que viviendo voy,
y yo siento lo contrario:
mi existir no es voluntario,
de ti, polvo, aliada soy.

XVI

Al fuego, al temible fuego,
al que todo lo devora
con su violencia invasora,
ya sin temores me entrego.
Polvo hará de mí,
más luego
que me convierta en ceniza,
esta lumbre advenediza
tendrá el fin que ha provocado:
mi polvo habrá exterminado
el fuego que me esclaviza.

XVII

Adentro de mi vaga superficie
se revuelve un constante movimiento:
es el polvo que todo lo renueva,
destruyendo.

Adentro de la piel que me proteje
y de la carne a la que estoy nutriendo,
hay una voz interna que me nombra:
Polvo tenso.

Sé bien que no he escogido la materia
de este cuerpo tenaz, pero indefenso,
arrastro una cadena de cenizas:
polvo eterno.

Tal como ya han pasado las edades,
soportando la lucha de lo interno,
el polvo va tomando sus entrañas
de alimento…

¡Humanidad, del polvo experimento!

XVIII

Son mis viejas raíces empolvadas
la extraña clave de mi cautiverio;
atada estoy al polvo y su misterio,
llevo ajenas esencias ignoradas.

En mis poros están ya señaladas
las cicatrices de un eterno imperio;
el polvo en mí ha marcado su cauterio,
soy víctima de culpas olvidadas.

En polvorienta forma me presiento,
y a las nuevas raíces, sobresalto
he de legar con mi angustioso aliento.

Mas conquistando el aire por asalto,
nada tengo que ver con lo que siento:
soy cómplice infeliz de algo más alto.

-Guadalupe “Pita” Amor-

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